Despiden a los 9 niños del kinder Ahogados

SALAMANCA.- (12/Mar.).- Una bolsa de Cheetos, nueve tazos y una película de karate, acompañan el cuerpo del pequeño Enrique Huichapa tendido en el féretro, vestido de santito. En la minúscula capilla apenas si caben los nueve cuerpos de los infantes, impregnada por el incienso que calaba en la garganta.
En el jardín de niños ‘Huehuetlatolli’, y en la primaria contigua, hay dos moños blancos por el duelo.
La maestra, Dulce Ivett Soto Duarte, la que se volcó al canal de Coria con los niños, está como en shock, y no deja de llorar.
“Yo quiero mucho a mis niños, ay no, ¿por qué?”, dice con el llanto, gritando las palabras.
Tres enfermeras le dan agua y la tratan de calmar. Pero no.
“¡Santo Niño, se acabó Cruces, nueve niños!, se lamenta don José Aguayo, un anciano de 78 años, a punto del llanto, prende un cigarro y escupe al suelo.
Uno a uno los dolientes entran a la capilla a ver por última vez a los niños.
Todos están vestidos de santitos con una coronita de papel dorado.
Al medio día, el atrio de la capilla, en la polvosa comunidad está lleno de flores y de dolientes en el sepelio.
“Ya no lo voy a poder abrazar”, dice Antonia Corona, la madre del pequeño Enrique, sentada en una banca, casi cayéndose del dolor.
En la misa, el Obispo José de Jesús Martínez Zepeda, oficia cerca de las dos de la tarde y pide resignación a los deudos.
Pero la maestra está medicada con tranquilizantes. Tiene cuatro horas que no sale de un cuarto aledaño la capilla y paramédicos y enfermeras de la Secretaría de Salud y el DIF, la cuidan para que no entre más en crisis.
“Yo estaba en Estados Unidos y me hablaron apenas llegué a noche (martes), ya me quería venir a estar con mi familia, no tengo papeles, estoy de ilegal, pero nunca pensé en encontrarme esto”, platica entristecido Germán Huichapa, y se acomoda una gorra y vuelve su vista al suelo.
“Resignación, resignación”, se repite una y otra vez casi en silencio.
Para el delegado de la comunidad, J. Teódulo Robles, abuelo de dos los fallecidos, no hay otra explicación:
“Fue un accidente. No hay que tener rencor, ojalá que los niños ya estén bien en el cielo, y que la maestra pueda superarlo todo, vamos a apoyarla, estamos muy dolidos”, dice cuando conversa con un vecino que le pregunta detalles del accidente.
La secretaria de Salud, Josefina Vázquez Mota, envío una carta de condolencias a las familias.
Una anciana bebé un sorbo de café caliente y otra no suelta un rosario. Canta al final de la misa con las lágrimas en los ojos.
Una señora se desvanece desmayada.
El cortejo fúnebre parte en carrozas negras. El Municipio y el DIF, pusieron camiones para el traslado de los dolientes, a la comunidad de San José de Mendoza, a unos 40 minutos de Las Cruces.
Según Tránsito Municipal de Salamanca, al entierro acudieron unas 4 mil personas, a dar el último adiós a los niños que cayeron el lunes al canal, cuando acudían al cumpleaños de su maestra Dulce Ivett.
Entre los pasillos del panteón no se puede ni caminar. Seis cuerpos de los niños primos y familiares, fueron sepultados en un solo lugar en gavetas.
Los otros tres en lugares separados, y en el cielo retumba una lluvia de cohetes.
“Mamá dime por dónde se cayeron al canal”, le dice a su mamá una niña cuando pasan por el canal.
En Las Cruces, la mamá de uno de los niños se lamenta aferrándose al ataúd: “Ya no te voy a abrazar mi niño”, le dice.

Una muy mala noticia que conmociono a todo el Estado de Guanajuato.....